YORBIN—¡Jefe, cuidado! —El samurái empujó a Simón, salvándolo de una roca tan pesada que, al caer, destruyó el suelo.—Rayos, qué poco de trampas, estas les faltó contárnoslas, soldados—, a Simón le provocó asesinar a los mercenarios.—Esa es nueva, es muy extraño, no nos informaron de esa y de las demás. Esto puede ser una trampa, algo a propósito; es posible que él ya supiera que ustedes vendrían, por algo le dicen el hombre que sabe—, el mercenario colombiano se llenó de terror considerando dar vuelta y salir corriendo, irse sin ningún tesoro, aunque vivo y en una sola pieza.—Por eso es mejor que yo vaya al frente; gracias a mi reliquia, nada se puede dañar. —Simón acarició el dije de madera mágica y le dio un beso.Yorbin se acercó y le preguntó: —¿Y le duele? Es decir, si le hubiera caído esa piedra, ¿le hubiera dolido?Simón siguió caminando, intentando detallar alguna rendija en las paredes o un láser que indicara una trampa, y contestó: —Estoy acostumbrado al dolor, eso me h
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