Pati se lo dijo tres meses antes.Un martes por la mañana, en el despacho de la firma, con el café en la mano y la expresión de quien tiene algo que decir que requiere ser dicho con la seriedad que merece pero sin más pausa de la necesaria.—El discurso de septiembre —dijo Pati—. Va a ser el último como presidenta activa.Laura la miró.—De acuerdo —dijo.Pati anotó algo en el portátil.No hizo más preguntas.No preguntó si estaba segura ni si quería hablar más sobre lo que significaba ni qué pensaba hacer después. No porque las preguntas no fueran legítimas sino porque Pati había aprendido, en veinte años de trabajo junto a Laura, cuándo una decisión ya estaba tomada y cuándo hacer preguntas adicionales era perder el tiempo de las dos.Esta lo estaba.El acto de septiembre era el congreso anual de la Red Europea de Fundaciones de Impacto Social, que la Fundación co-organizaba desde hacía ocho años y que ese año se celebraba en Madrid, en el auditorio del Espacio Matadero, con cuatroc
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