Las cenizas de los documentos contractuales quizás se habían desvanecido, llevadas por el viento que entraba por las ventanas de la biblioteca, pero su significado quedó grabado profundamente en el corazón de todos los presentes. Para Valentina, la destrucción de aquellos papeles supuso el fin de una maldición que la obligó a huir hasta el confín de Colombia, herida y embarazada. Ahora, se erguía como una mujer completa.La mañana en la residencia Valderrama, tras la quema del contrato, se sentía mucho más ligera. Valentina estaba sentada en el balcón de su habitación, amamantando al pequeño Gabriel, mientras Mateo jugaba cerca de sus pies, contándole con entusiasmo todo sobre su nueva escuela.Mamá, ¿Gabriel jugará al fútbol conmigo cuando sea grande? preguntó Mateo, con sus ojos redondos llenos de curiosidad.Valentina acarició su frente con ternura.Claro que sí, mi amor. Pero primero Gabriel tiene que crecer fuerte. Tienes que ayudarme a cuidarlo, ¿de acuerdo?¡Yo lo protegeré d
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