Las campanas de la Catedral de San Ignacio, en el centro de Bogotá, resonaron con un sonido majestuoso, cortando el aire fresco de la mañana.
Frente a la entrada de madera de roble tallado, una fila de lujosos automóviles negros estaba alineada impecablemente.
Los medios de comunicación esperaban tras las barreras de seguridad, ansiosos por capturar un instante de este momento histórico para la dinastía más poderosa de Colombia.
Hoy no era solo una ceremonia religiosa; era la proclamación of