Las luces neón del pasillo del centro médico Montoya parpadeaban lentamente, proyectando la sombra de Valentina, que parecía frágil pero alerta. El mensaje de Sebastián en su teléfono satelital parecía quemarle la palma de la mano. Eliminar sujeto. Las palabras giraban en su cabeza como una sentencia de muerte. Don Arturo había perdido la paciencia; para él, el heredero en el vientre de Valentina valía más si se gestionaba sin su madre "peligrosa".Valentina miró hacia la puerta de la sala de recuperación de Miguel. Su hermano aún yacía débil, conectado a varias sondas que ahora eran alimentadas por la tecnología de Montoya. Al final del pasillo, podía ver a Lorenzo hablando en voz baja con su jefe de seguridad. De vez en cuando, lanzaban una mirada hacia Valentina, y por primera vez, ella vio en la mirada de Lorenzo no a un aliado, sino a un recolector que evaluaba su botín.Doctora Morales, usted parece pálida se acercó Lorenzo, su voz suave pero contundente. La operación fue
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