El rugido de la alarma de seguridad de la clínica resonaba en las paredes de mármol, creando una sinfonía de pánico sofocante. Isabella permanecía inmóvil; su rostro hermoso, que solía estar lleno de arrogancia, ahora estaba pálido como la cera. Miraba la pantalla de la tableta en la mano de Valentina, donde aparecían números digitales que continuaban la cuenta atrás: 09:52... 09:51..."¡Deténlo, Valentina! ¡No sabes lo que estás haciendo!" gritó Isabella, su voz aguda por encima del ruido de la alarma."Sé perfectamente lo que estoy haciendo, Isabella," respondió Valentina. Su mano seguía firme, aunque su corazón latía con fuerza debajo de su chaqueta blanca. "Estoy derrumbando el castillo de naipes que construisteis sobre las vidas de inocentes. Incluida Carolina."Sebastián se encontraba entre las dos mujeres; sus ojos brillaron al mirar a Isabella antes de volverse hacia Valentina. Podía ver la determinación inquebrantable en los ojos de su esposa. Pero antes de que pudiera habl
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