Capítulo 30 —Te volviste mi única salvaciónNarrador:Caín la besó. Pero esta vez no hubo pausa, ni espacio para dudas. La tomó como si lo hubiera estado esperando desde siempre. Sus manos descendieron por la espalda de Aurora, reconociendo cada curva, redescubriéndola con un hambre que nada tenía de pacífica. La necesidad era cruda, brutal, desbordada. Ella gimió apenas cuando él la levantó en un solo movimiento, con la fuerza de quien ya no podía pensar, solo actuar.La depositó sobre el escritorio con un golpe seco. Ni siquiera apartó los objetos que había allí; todo perdió sentido salvo ella. El roce de la madera en sus muslos la estremeció, pero no se apartó. Caín se colocó entre sus piernas y, sin romper el beso, le desabrochó el pantalón con dedos temblorosos, pero decididos. Su boca bajó a su cuello, a su clavícula, la mordió suavemente mientras sus manos la liberaban de la ropa con una urgencia reverente, como si cada prenda fuera un obstáculo entre ellos y la única salvación
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