Capítulo 18 —Bajo el ojo del lobo Narrador:La noche olía a perfume caro y a mentira bien planchada.Dilan lo supo antes de verla, antes incluso de que el primer coche se detuviera frente a la residencia del embajador. No era instinto de cacería. Era otra cosa: una presión detrás de los ojos, una vibración incómoda en la sangre, como si el mundo entero le estuviera empujando el cuerpo hacia una dirección que él no había elegido.Y aun así, ahí estaba.Apoyado en la sombra de un árbol, a media cuadra, con la chaqueta oscura cerrada hasta el cuello y la capucha baja. No por miedo a ser visto, por disciplina, porque la disciplina era lo único que le quedaba cuando el lobo adentro empezaba a comportarse como un animal sin nombre.—Manténganse quietos —murmuró por el auricular.Erik respondió desde el vehículo, sin discutir.—Quietos.Mara, a su espalda, no dijo nada. Dilan la sentía como se siente un cuchillo en el bolsillo: presente, útil, peligrosa si uno se olvida de que corta.La
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