Capítulo 40 —Necesitaba resultados.Narrador:Caín ya tenía suficiente tensión acumulada como para cargar, además, con la impaciencia de Aurora golpeándole la puerta, preguntando, insistiendo, queriendo saberlo todo. Lo sabía, la entendía. Pero esa tarde necesitaba silencio, necesitaba control, necesitaba que el mundo, por una vez, obedeciera sin custionarlo.En su despacho la luz del ventanal empezaba a caer en diagonal, dejando el jardín en una penumbra elegante. La mansión seguía con su pulso impecable, como si nada estuviera a punto de arder. Pero Caín sentía cada segundo como un clavo.Nuria, sentada frente a él, mantenía la espalda recta como una estatua antigua. Imponente., quietud de siglos, ojos oscuros que no se dejaban leer. A simple vista parecía una visita diplomática.Pero Caín podía oler el miedo debajo de esa calma.No era miedo a él, era miedo a Iván.—Y cuéntame, Nuria… —dijo Caín, apoyando un antebrazo en el escritorio, sin perderla de vista—. Una vez que Iván sea de
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