Capítulo 123 —El Silencio de los CulpablesFuera de la casa, el aire parecía haberse estancado, volviéndose denso y difícil de ignorar. Aurora intentaba, con un esfuerzo sobrehumano, no sucumbir ante el peso de las miradas que sentía clavadas en su espalda como alfileres de hielo. Estar junto a Dilan siempre había sido su refugio; el contacto con el Alfa era como sumergirse en una corriente de agua tibia, una experiencia reconfortante, física y, sobre todo, real. En los brazos del lobo, Aurora recordaba quién era ella más allá de las profecías. Sin embargo, no podía ignorar la sombra alargada de Caín.Sabía perfectamente quién era el hombre que la esperaba. La dulzura que Caín le profesaba era un privilegio frágil, una seda fina que ocultaba el acero de un monarca despiadado. Bajo esa capa de consideración, habitaba un ser antiguo que no estaba acostumbrado a los desafíos, y Dilan era, sin duda, el mayor desafío que alguien podría lanzarle a la cara."Estoy jugando con fuego", pensó Au
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