Capítulo 131 —Una tregua de sombras
Dilan cruzó el umbral de la habitación 304 y el aire se le quedó estancado en los pulmones. La escena era devastadora: Aurora estaba sentada en el borde de la cama, deshecha en un llanto silencioso y torrencial, aferrada todavía a la mano de Mariela. La anciana yacía inmóvil, con una serenidad que solo la muerte definitiva puede otorgar, pero un detalle hizo que los instintos del lobo se dispararan: un rastro de sangre fresca brillaba en los labios de la difun