Capítulo 122 —Sombras en el Pedestal
El silencio que siguió a la revelación en la cocina era espeso, casi sólido. Ernestina y Sara permanecían inmóviles, como si el simple hecho de respirar pudiera romper el frágil equilibrio de un mundo que, aunque ellas aún no lo dijeran en voz alta, ya había cambiado para siempre. Sara experimentaba una marea interna de sensaciones; por un lado, la euforia de un milagro biológico sin precedentes la hacía querer gritar de alegría, pensando en la felicidad que