Capítulo 130 —Tres gotas de sangre
El trayecto hacia el hospital fue un descenso lento hacia los infiernos personales de cada uno. Dilan conducía con una rigidez que hacía que sus nudillos resaltaran blancos contra el cuero del volante. El silencio en el habitáculo del coche era tan denso que Aurora sentía que podía cortarlo con sus colmillos. No era solo la inminencia de la muerte lo que pesaba, sino la traición latente que ambos estaban cometiendo contra las leyes de sus propias especies.
—Esc