Capítulo 137 —El rastro del creador—¿Embarazada yo?Aurora se repetía la pregunta frente al espejo del baño, observando un reflejo que empezaba a resultarle ajeno. La frase sonaba a disparate, a una broma del destino o a una anomalía biológica que desafiaba milenios de leyes naturales. Era una locura, casi una abominación. Ser un cadáver que alberga vida era una contradicción que le erizaba la piel, ahora que su piel, paradójicamente, ya no estaba helada.Los días se sucedían en una nebulosa de sensaciones recuperadas. Gracias a los tés que Sara y Ernestina preparaban con recetas rescatadas de grimorios antiguos, los síntomas más agresivos habían remitido, pero la extrañeza permanecía. Su cuerpo, que desde la conversión había sido un templo de mármol frío y estático, estaba despertando. Sentía una temperatura sutil emanando de su pecho, un calor que no procedía del sol ni de las mantas, ni siquiera al abrazo ardiente de Dilan, sino de su propio interior. Su corazón, ese órgano que deb
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