Capítulo 127 —El Peso de la Corona Rota
Después del encuentro en la cocina, un silencio cargado de electricidad residual se instaló en la casa. No era un silencio incómodo, sino uno de esos que se sienten tras una tormenta que ha limpiado el aire, pero ha dejado cicatrices en la tierra. Ambos se retiraron a sus respectivos dormitorios buscando el alivio del agua. Dilan fue el primero en terminar; la ducha no solo había limpiado el rastro del deseo de su piel, sino que le había devuelto una calma