Capítulo 124 —El Ayuno de las Sombras
El aire en la cocina aún vibraba con el eco de la discusión, pero Ernestina ya no escuchaba. Sus ojos estaban fijos en Aurora, analizando cada pequeño detalle que para un profano pasaría inadvertido. El casi desmayo no era una debilidad pasajera; era el primer grito de una vida que no debería existir. El apetito voraz de la joven vampira, esa palidez que rozaba lo traslúcido y la fatiga que arrastraba los hombros de la muchacha eran confirmaciones físicas de