Capítulo 116 —Las Dos Puntas del HiloLa habitación aún conservaba el calor de Dilan, pero Aurora ya no pertenecía a ese refugio. Huyó hacia el baño con el estómago revuelto, no por náuseas físicas, sino por la violenta colisión de su realidad. Se encerró y apoyó la espalda contra la puerta fría, intentando respirar. La noche anterior había sido un oasis de piel y olvido, pero el amanecer traía consigo la soga que ella misma se estaba atando al cuello.Estaba atrapada en el epicentro de un triángulo que desafiaba no solo las leyes de su corazón, sino las alianzas de dos razas enteras. No era justo para Dilan, que la amaba con la honestidad bruta de su naturaleza loba. No era justo para Caín, que arrastraba siglos de soledad y la miraba como a su única redención. Pero, sobre todo, no era justo para ella. Aurora jamás había conocido el amor; su vida había sido una sucesión de huidas, pérdidas y vacíos. Y ahora que el destino decidía otorgarle ese derecho, lo hacía por duplicado, obligánd
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