Villa Isabella, Montes SabinosTres meses después de la partida de MarcoEl verano había llegado con fuerza.Elena estaba en el jardín, podando las rosas rojas que ahora florecían donde antes solo había espinas. La vida seguía, como siempre, aunque las heridas aún dolían. Marco no había vuelto. No había llamado. No había escrito.Giulia lo extrañaba, aunque no lo decía. Elena lo veía en su mirada perdida, en las tardes que pasaba mirando el camino de tierra, esperando un coche que nunca llegaba.Dante se acercó con dos limonadas.¿En qué piensas?En mi padre. En sí volverá algún día.¿Tú quieres que vuelva?No lo sé. A veces sí. A veces no.Pueden ser las dos cosas.Elena sonrió. Eso me dijiste una vez.Y sigo pensándolo.Bruno se acercó, apoyó la cabeza en el regazo de Elena. Matteo corría tras una cometa, con Roberto enseñándole nuevos trucos.La vida, por fin, era eso: vida.La cartaEsa tarde, Carla trajo el correo.Entre facturas y revistas, un sobre sin remitente, con el nombre
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