Me besó con fuerza, abriéndome la boca, enredando la lengua con la mía como si quisiera devorarme entera. Sus manos bajaron por mis costados, apretándome las caderas, clavándome los dedos con esa posesión que siempre me volvía loca. Sentí cómo se ponía duro contra mi muslo en cuestión de segundos.—Otra vez —jadeé cuando se separó para respirar.—Te amo —gruñó contra mi cuello, mordiendo suave la piel justo debajo de la oreja.Bajó una mano entre nosotros, separándome los muslos con la rodilla. Sus dedos encontraron mi entrada, resbaladiza ya, y entraron sin aviso, dos de golpe, curvándose dentro hasta hacerme arquear la espalda.—Joder… estás empapada solo porque te lo dije —murmuró, riéndose bajito contra mi clavícula.—Cállate y fóllame —le ordené, tirando de su pelo para que me mirara.Sus ojos brillaban oscuros.—Con gusto, señora Blackwood.Se colocó entre mis piernas, apoyó la punta en mi entrada y empujó de una sola embestida profunda, sin preámbulos. Gemí alto, clavándole las
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