―Y si una de las dos quiere guardar el nombre de alguien, asegúrense primero de que ese nombre sepa quedarse afuera del cajón cuando ustedes lo cierren.Lidia no leyó nada más.Tampoco hacía falta.La frase de Esteban viajó por el teléfono fijo, cruzó la cocina y se quedó entre Aryanna y Emilia como una mano abierta sobre la mesa.Teresa estaba sentada, pálida, con una taza intacta frente a ella. Céline seguía con la cuchara en la mano, pero por primera vez parecía no saber si usarla como arma, abanico o excusa para no llorar.Emilia se cubría los ojos.No lloraba.Ese gesto era peor.Aryanna sostuvo el auricular con ambas manos.―No toque nada más ―dijo, aunque la voz le salió más suave de lo que esperaba.―No pensaba hacerlo ―respondió Lidia―. Cerré el cajón apenas terminé de leer. La vitrina sigue aquí. Nadie la va a mover hasta que ustedes digan.Hasta que ustedes digan.Otra frase limpia.
Ler mais