―Ese es el problema, Emi. Si sigue aprendiendo a no entrar, algún día voy a tener que decidir si todavía quiero abrir.Emilia no respondió enseguida.La casa estaba en silencio, pero no dormida. La lámpara de B-12 seguía apagada. La silla reparada esperaba junto a la pared. La caja con la pregunta de Emilia descansaba cerrada, con el todavía no adentro. El libro verde estaba sobre el escritorio, como un animal paciente.Aryanna sostuvo el borde de la mesa.No había querido decirlo en voz alta.Ahora que la frase existía, no podía devolverla a ninguna parte.Emilia se acercó y se sentó en el suelo, frente a ella.―Eso no es problema de hoy.―Lo sé.―Tampoco del día sesenta.Aryanna la miró.Emilia apretó los labios.―No lo conviertas en fecha. Si lo haces, él vuelve a estar en el centro aunque no toque.La frase le dolió porque era cierta.Céline apareció en el pasillo c
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