Xander siempre la mandaba a llamar. No había un solo día que no: en la mañana, en la tarde, en la noche. Elena se encontraba con su cara en cualquier momento del día, sin excepción. ¿Cómo iba, entonces, a superar su amor por él? A este punto, parecía una misión imposible. Cuando estaba con aquella chica, ella ya se había resignado; pero ahora… mirándolo a cada instante, sentía que su amor por él se multiplicaba cada vez más. Y eso era muy injusto. La vida lo era. Suspiró, consciente de que en cualquier momento aparecería otra Claudia y, entonces, tendría que volver al punto de partida.Aquella noche, ella iba a llevarle una bebida como cualquier otro día. No había nada fuera de la rutina, excepto por el hecho de que él la buscara después, la besara y la llevara a su habitación. ¿Cómo negarse a algo que deseaba con el alma? ¿A sus caricias, a sus besos, a todo él, si lo amaba con locura? Lo amaba tanto que ella no quiso pensar en las consecuencias. Lo peor fue que, en medio de esa entre
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