—Sobre nosotros.
Fueron dos palabras que para la cabeza de Julieta no tenían sentido.
—¿Nosotros? —sonrió con lentitud—. ¿Cuál nosotros?
—Elena… —una mirada de advertencia de su parte bastó para que Xander corrigiera el nombre—. Bien, como quieras. Julieta, lo que tenemos no es cualquier cosa. Eres la madre de mis hijos y yo deseo poder darles un hogar; deseo que podamos estar juntos.
—¿Y acaso piensas que te estoy amarrando con niños? —se molestó. Lo único que podía entender era que estaba sie