Horas después, cuando Victoria volvió a entrar en la habitación donde permanecía su hijo, la escena que encontró fue la del hombre arrancándose la vía intravenosa mientras discutía con un enfermero.
—Mis pertenencias —exigió Xander con la voz ronca. La impaciencia en su semblante dejaba ver que tenía toda la intención de marcharse del hospital—. Trae mi ropa y mi teléfono. Ahora mismo. Tengo que hacer una llamada y largarme de aquí.
—Señor, le dije que todo eso ya fue entregado…
—¿A quién?
—