La Gordita Que Despreciaste: Ya no está a tu alcance
La Gordita Que Despreciaste: Ya no está a tu alcance
Por: Daly3210
Capítulo 001

Su esposo le había dicho que tenían una cena importante a la que debían acudir ese día. Como siempre, se mostró cooperativa; era lo mínimo que podía hacer por el hombre que pagaba todos los gastos médicos de su hija.

Llegaron al lugar indicado: un lujoso restaurante que parecía haber sido reservado exclusivamente para ellos. No entendía la razón de tanto misterio. ¿De qué trataba todo esto?

—¿Ya me dirás qué ocurre, Brando? —preguntó sin poder soportar un segundo más la inquietud.

—Ya lo sabrás, cariño.

—¿Negocios? ¿Un nuevo convenio? —tanteó ella.

—Algo así… —su respuesta fue vaga, sin darle la claridad que tanto necesitaba.

Los minutos pasaron y, entonces, la puerta principal se abrió. Todo a su alrededor pareció detenerse en ese preciso instante; era como si alguien hubiera presionado un interruptor.

«No», la palabra estaba en la punta de su lengua mientras veía entrar al último hombre que esperaba ver.

Durante años se había cuidado de no volver a encontrarse con ese sujeto. Lo había hecho tan bien que se había permitido relajarse, que se había permitido creer que, sin importar qué, nunca más volverían a estar frente a frente. Sin embargo, se había equivocado. Esa calma acababa de romperse, porque Xander Thorne acababa de cruzar la gran puerta de cristal... pero no venía solo.

De su brazo colgaba una mujer: delgada, hermosa, completamente de su tipo. Solo que esa mujer no era cualquiera: era su cuñada, Carlotta.

Sintió que sus extremidades inferiores temblaban a medida que ellos más se acercaban… «Me va a reconocer», era el único pensamiento en su cabeza. La acusación de robo que le había hecho Victoria Thorne, la existencia de su hija Luna... todo jugaba en su contra y no estaba dispuesta a perder. Ya lo había hecho cinco años atrás; no lo haría de nuevo.

—Julieta, cariño… —la voz de su esposo intentó sacarla de su trance.

—Eh, ¿sí? —parpadeó, dándose cuenta de que ya tenía a ese hombre enfrente.

—Te decía que este es Xander Thorne, el prometido de mi hermana Carlotta.

—Ah… —boqueó como un pez, tratando de estirar la mano en su dirección—. Mucho… mucho gusto, señor Thorne.

—El placer es mío, señora Bianchi —Xander tomó su mano y se inclinó para dar un beso suave en el dorso de la misma.

Todo le parecía surrealista. Los ojos de Xander estaban fijos en los suyos, pero no parecía reconocer a la chica gorda que había humillado en el pasado.

—¿Te sientes bien? —preguntó su esposo a su lado, seguramente preocupado por la palidez de su rostro.

—Sí, sí… —balbuceó, sentándose con algo de torpeza, no sin antes saludar con un beso en la mejilla a su cuñada.

La reunión siguió su curso. Julieta trataba de concentrarse en la comida, pero de nada servía; podía sentir los ojos de Xander sobre ella. Era sutil al respecto, pero su atención sofocante no la dejaba en paz.

«¿Será que me reconoció? ¿Será que sabe quién soy y está disimulando?». La paranoia se incrementó con cada segundo que transcurría. Se imaginó saliendo de ese restaurante esposada, pagando por un delito que no había cometido, mientras perdía lo más importante en el proceso: a su hija Luna, la hija de este hombre.

—Debo… ir un momento al baño —se levantó con un gesto educado mientras se apresuraba hacia los sanitarios, ansiando estar un momento a solas.

Una vez en el interior, se echó agua en la cara para serenarse. Su reflejo en el espejo le dijo lo que ya sabía: no era la misma mujer del pasado. Ya no era Elena "la gorda", la hija de la cocinera, la que habían echado como si fuera escoria de la mansión Thorne. La mujer que le devolvía la mirada tenía pómulos altos y definidos, mirada cautivadora —había perdido por completo ese aire sumiso—, piel tersa y luminosa, labios carnosos. Sin embargo, ese cambio no ocurrió en un día; padeció muchos momentos difíciles antes de llegar a esto.

—Soy Julieta Bianchi —dijo su nombre en voz alta, tratando de creerse por completo esa mentira.

Al salir se encontraba más calmada. Cerró la puerta con cuidado y emprendió el camino hacia la mesa donde la aguardaba su esposo, pero entonces se encontró frente a frente con él. Xander estaba recostado en la pared con las piernas cruzadas y una mirada penetrante dirigida a su persona.

—Señora Bianchi —rompió su posición y caminó hacia ella—. Lamento incomodarla de esta manera, pero necesitaba hacerle esta pregunta a solas: ¿No nos hemos visto antes?

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