Capítulo 005

De vuelta al presente…

No esperó a que Xander siguiera sacando conjeturas; con un odio renovado circulando por sus venas luego de tan vívido recuerdo, lo dejó de pie en el pasillo.

—Cariño… —besó la mejilla de su marido, sentándose a su lado en la mesa.

A los pocos minutos apareció Xander e hizo algo parecido con su prometida. Los dos se veían bastante cercanos, enamorados incluso, dado que tenían planes para casarse y esa era la razón principal de dicha velada: el imperio Bianchi y el Torner iban a fusionarse.

Quería irse. No soportaba más estar cerca de ese hombre, pero la noche parecía interminable mientras hablaban y hablaban sobre temas de negocios.

—¿Te pasa algo, Julieta? —soltó Carlotta sin anestesia, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. A pesar de los años que llevaban conociéndose, su cuñada nunca la había aceptado—. Has estado callada toda la cena. De hecho, me da la impresión de que no te ha agradado mi prometido.

Tragó saliva tras el silencio inquietante que cayó sobre la mesa. Esto era lo último que necesitaba: una atención tan sofocante. Lo peor era que Xander había arqueado una ceja, recostándose en su silla esperando la respuesta. Parecía divertido de verla en semejante aprieto. Lo maldijo en su mente mientras enfocaba toda su atención en su cizañosa cuñada.

—Simplemente estoy cansada, Carlotta —respondió con voz plana—. Ha sido un día largo.

—Oh, vamos. Siempre tienes esa cara de mártir cuando hablamos de los negocios familiares —replicó ella, lanzándole una mirada cómplice a su prometido—. Pero supongo que es comprensible. No todos nacen con el instinto para entender la magnitud de lo que estamos construyendo. Por eso siempre he dicho que lo ideal es casarse entre personas de la misma posición económica; evita malentendidos y... ambiciones innecesarias. ¿No es cierto, Brandon?

Sabía bien a dónde quería llegar. Quería, nuevamente, restregarle que era una "pobretona" que nunca debió casarse con su hermano, y la verdad era que estaba algo harta de ese tema. Tampoco ayudaba el hecho de que Xander estuviera presente y que el recuerdo de las humillaciones vividas por la familia Torner estuvieran ardiendo en sus venas en ese preciso instante.

—No todo se trata de dinero y poder; hay cosas más importantes que ni en un millón de años, entenderías —su voz fue más áspera de lo necesario y sintió la mano de su marido sobre su muslo, indicándole con sutileza que debía calmarse y no caer en sus provocaciones.

—Oh, Julieta, querida... siempre tan poética —se puso una mano en el pecho con falsa compasión—. Hablas de "cosas más importantes" porque es el único refugio que les queda a los que no tienen nada más que ofrecer. Es tierno, de verdad. Pero seamos realistas: la "dignidad" no paga las planillas de los empleados, ni mantiene a flote un apellido como el nuestro. Brandon se casó contigo por lástima, por esa niña que…

Apretó con fuerza su copa. No toleraría que metiera a su hija en esto, pero antes de levantarse y arrojarle el contenido a esa mujer, Xander intervino:

—En realidad —su voz tenía una cadencia lenta y profunda que obligó a todos a mirarlo—, creo que Julieta tiene toda la razón.

Parpadeó repetidamente sin poder creerse que le estuviera dando la razón en algo, mientras Carlotta se veía completamente molesta por esto. Sin embargo, Xander no estaba viendo a su prometida ni al ataque de furia que esta estaba teniendo en silencio; sus ojos verdes estaban fijos en los suyos con demasiada intensidad, mostrándose crudos, magnéticos. Pero también había algo más brillando en sus pupilas. Algo que parecía peligroso.

—El dinero es solo papel y los imperios pueden arder en una noche —continuó, humedeciéndose los labios en un gesto deliberado y provocativo—. Pero esa forma de defender lo que uno cree, sin importar quién esté enfrente... eso es lo que realmente tiene valor. Me parece que tu cuñada tiene una perspectiva mucho más refrescante y honesta que la de muchos socios con los que trato a diario.

—Eso no puede ser… Sabes bien que solo debemos mezclarnos con nuestra propia gente, Xander.

—Carlotta, me preocupas —la miró entonces con el ceño fruncido—. Hasta parece que hablaras como si fuéramos animales con diferentes razas. Dime, ¿si no tuviera dinero me querrías igual?

—Eh, sí… claro que sí —tartamudeó la mujer.

—Entonces estás validando mi punto, cariño —tomó su copa y la inclinó a modo de brindis.

El resto de la velada fue… extraña, por decirlo de algún modo. Sentía que ese hombre la estaba escaneando a cada segundo y tanta atención comenzaba a preocuparle. También le preocupaba que le sonriera cada vez que sus miradas se cruzaban. Si no estuviera su prometida allí, hasta creería que le estaba coqueteando, pero eso era completamente ilógico, ¿verdad?

Cuando la cena llegó a su fin, estaba más que lista para correr al auto y olvidar lo ocurrido las últimas dos horas, pero entonces, mientras Carlotta y su marido compartían un abrazo afectuoso como buenos hermanos, Xander se movió hacia ella, poniéndola inmediatamente incómoda. Pensó que el intercambio sería rápido, un corto "fue un gusto conocerlo" y un seco "chao", pero el hombre hizo algo inesperado: extendió su mano esperando que, por educación, le entregara la suya.

Cuando sus dedos rozaron los de Xander, él no se limitó a un simple apretón. La sujetó con firmeza, impidiendo que retrocediera.

—Fue todo un placer conocerla, señora Bianchi —dijo él, con la voz bajando una octava, volviéndose privada, íntima, destinada únicamente para sus oídos.

Se ruborizó; maldijo a sus mejillas por adquirir ese tono rojizo, pero no pudo evitarlo. ¿Qué diablos le pasaba a ese hombre?

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP