LeylaMi oficina parecía la escena de un crimen cometido por una papelería.Carpetas por todas partes. En el escritorio, en la silla de visitas, en el suelo, apiladas contra la pared como pequeños rascacielos de papel que amenazaban con derrumbarse al menor estornudo. En un lado, los documentos del proyecto: presupuestos, contratos con proveedores, muestras de telas, fotografías del catálogo, correos impresos de los distribuidores italianos. En el otro, los preparativos de la boda de Génesis: listas de invitados, opciones de floristas, menús de catering, muestras de manteles que todas se veían iguales pero que aparentemente no lo eranMi proyecto y la boda de mi mejor amiga estaban acabando con mi poca cordura. Dormía cuatro horas. Comía frente a la computadora. Me había puesto la misma blusa dos días seguidos y esperaba que nadie lo notara.La puerta se abrió sin que nadie tocara. Solo una persona en el mundo entraba así a mi oficina.—Leyla, tienes una cara horrible —dijo Génesis d
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