Leyla
Estaba en mi sofá, con mi pijama de camiseta vieja y shorts desiguales, calcetines que no combinaban y un tarro de helado de chocolate apoyado en mi estómago, cuando sonó el timbre.
No esperaba a nadie. No quería ver a nadie. Lo único que quería era comerme ese helado hasta el fondo del envase mientras mi cerebro procesaba el hecho de que un hombre con sonrisa de revista y traje de diseñador me había estado estafando durante semanas y yo, la empresaria empoderada que juraba que nunca más