Leyla
Mi oficina parecía la escena de un crimen cometido por una papelería.
Carpetas por todas partes. En el escritorio, en la silla de visitas, en el suelo, apiladas contra la pared como pequeños rascacielos de papel que amenazaban con derrumbarse al menor estornudo.
En un lado, los documentos del proyecto: presupuestos, contratos con proveedores, muestras de telas, fotografías del catálogo, correos impresos de los distribuidores italianos. En el otro, los preparativos de la boda de Génesis: