Noha
—Entonces déjame ver si entendí —dijo Alec, sentado frente a mí en su cocina con un café que ya se había enfriado hace veinte minutos—. La llevaste a la playa. Pasaron una tarde increíble. Se rieron, caminaron descalzos, comieron helado. Ella te agradeció por los hechos silenciosos. Estuviste a punto de besarla. Y justo en el momento perfecto, decidiste advertirle sobre Derek.
—Sí.
—Y ella se enojó.
—Sí.
—Y la tarde se arruinó.
—Sí.
Alec me miró con esa expresión que oscilaba entre la comp