Pasando junto a Ainara, la vio aplaudirle con furor. Una nueva sonrisa cargada de malicia se dibujó en su rostro.Ella les haría probar el mismo infierno al que injustamente la habían sometido.Sabiéndose fuerte, capaz y poderosa, la hermosa castaña llegó hasta la entrada de su elegante consultorio, y con aquellas tijeras, cortó orgullosa el listón rojo. Cuando esté cayó al piso, lo supo: ese era el inicio de su revancha.Fernando Toledo miraba a esa mujer que sonreía en aquella gala. Sonriendo, subió el vidrio de su lujoso automóvil. Aitana era una mujer brillante que no dejaba de sorprenderlo. Aún bajo aquella producción, había logrado reconocer su inconfundible silueta. Alejandro había cambiado a un diamante por una burda imitación, y el, la había tomado para sí mismo sin intención de dejarla irse.Ainara aplaudía eufórica, y Alejandro, intentaba buscar con la mirada la razón que atormentaba a sus pensamientos, sin embargo, y a pesar de ser un evento de salud tan importante, ella n
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