Nora—Pero… la marca… —dije entre besos.Él me apretaba contra la pared y pasaba sus manos por mi espalda, abriendo mi vestido como si necesitara desesperadamente tocar mi piel. Donde colocaba sus dedos, sus labios, dejaba frescura y calmaba el ardor.—Es porque Tiziano no es de tu alma gemela. Es porque es de otro lobo. Indira lo siente, ¿no es así? —dijo tomando mi mano y besándola.Estaba como poseído, sin dejar de mirarme. No supe qué decir, nadie entendía esto, porque no era algo común. —Yo también sentí el dolor, ¿lo sabes? Iker está moribundo, y solo con ustedes, contigo e Indira, revivimos —indicó antes de besarme de nuevo. Su lengua tomaba mis labios, se paseaba por las comisuras mientras me apretaba contra él y yo respondía como un imán.—Mate, mate —gritaba Indira contenta, llamando a Iker, y el lobo parecía responder, hacerse notar, rugir en cada beso.—Si mi loba… lo siente, eres tú, solo tú… —dije cuando él besó el otro lado de mi cuello, donde estaban mis viejas herida
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