Tiziano
Había lava y ónix mezclándose, abriéndose camino por la tierra como serpientes brillantes. Mis guerreros parecían perdidos; con solo mencionar la montaña de fuego se ponían nerviosos. No era para menos: habíamos perdido muchos hombres allí. Félix y Boris se habían vuelto estúpidos atacando a los suyos.
Parecían obsesionados, fanáticos. No sabía si habían pedido la cabeza o si realmente nos habíamos ganado la lotería con esto.
—Explícame de nuevo, Félix, y sé claro —exigí.
El lobo no hab