–«¿Le gustaría un café, señor Leonardo?» «Claro, señorita Helena, la esperaré en mi despacho, tenemos mucho de qué hablar y declarar».–Sonreí ante la imitación de Mariana y le di un golpecito con el paño mientras ella también sonreía.–Ya no me quedan dudas: ¡el patrón realmente está enamorado de usted! Y, a juzgar por su mirada, yo diría que la señorita siente lo mismo. Después de todo, el patrón es un hombre guapo, joven, atractivo, rico, inteligente y tiene esa postura de macho alfa. No es de extrañar que Vanda hiciera de todo para deshacerse de las otras niñeras; no quería a ninguna otra mujer cerca del patrón.–«¿Sentir lo mismo? Todo lo que siento por Leonardo es odio y deseo de venganza».Miré a Mariana, que me observaba mientras lavaba los platos, y tuve una idea: persuadirla para que me contara todo lo que sabía sobre Leonardo.–Bueno, aunque yo estuviera interesada en él, el señor Leonardo es un hombre casado, y jamás tendría una relación con un hombre casado. Después de to
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