–¡Señor Leonardo!–
Vanda llamó y el jardinero retiró la madera que había caído sobre nosotros.
Yo quería mantener a Helena más tiempo entre mis brazos, pero enseguida se sentó y se levantó de los escombros.
–¡Está herido!– dijo Vanda preocupada, agachándose mientras yo me sentaba.
–Estoy bien–
–¡Su cabeza está sangrando!–
Al oír eso me levanté de inmediato, me acerqué a Helena y la sujeté por los brazos buscando algún golpe.
–¿Estás bien? ¿Estás herida?–
–Estoy bien, señor–
–¿Estás segura?–
–Lo