Helena aún mantenía el rostro girado hacia un lado, evitando mi mirada, mientras todo mi cuerpo cubría su pequeño cuerpo, dejándola sin ninguna salida.
Nuestras ropas rozaban una con la otra y podía sentir el calor que provenía de su cuerpo; podía ver su pecho subir y bajar con la respiración agitada, quizá por el espacio estrecho, quizá por mi presencia tan cerca de ella…
Pero no me moví para apartarme. Me gustaba tenerla tan cerca, sentir su aroma, oír su respiración y ver su rostro sonrojado