–¿Y por qué no?–
La voz de Leonardo resonó en la cocina, haciéndonos paralizarnos a todos, y miramos hacia la puerta donde él estaba de pie, con una expresión neutra y los ojos fijos en mí.
Todos los demás empleados me miraron y enseguida desviaron la mirada.
Yo sostuve la mirada de Leonardo por un momento y luego también la aparté.
Leonardo caminó hacia el interior de la cocina, haciendo que el ambiente se volviera tenso, y arrastró la silla de la cabecera de la mesa, sentándose.
–¿Puedo senta