LaraEstaba en mi rincón favorito del jardín, sentada sobre una manta suave, rodeada de cojines y con un libro abierto sobre el regazo, pero mis ojos no lograban concentrarse en ninguna línea. El sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo en tonos anaranjados, y el aire era cálido, sereno, como si el mundo exterior estuviera en calma… pero dentro de mí, siempre había una incomodidad leve que no desaparecía.La mansión de Khaled era un lugar tan hermoso como asfixiante. Era como vivir dentro de un palacio de cristal: bello, impecable, pero con paredes invisibles que me impedían ser libre.La calma de la tarde se rompió con el sonido de sus pasos acercándose detrás de mí. No necesité mirar. Ya reconocía el sonido de las suelas de sus zapatos sobre el suelo. Era una presencia pesada, constante, imposible de ignorar.— ¿Puedo sentarme? — preguntó, con voz baja.Asentí, sin mirarlo todavía.Se sentó a mi lado, con la misma elegancia controlada de siempre. No dijo nada durante algunos segun
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