Capítulo 20. Problema de lógica.
En la cabaña de Víctor, el forcejeo continuaba. Víctor intentaba sentarla a la fuerza en la vieja silla de madera, pero cada vez que sus manos soltaban una de las muñecas de Mariana para buscar la cuerda, ella le lanzaba un zarpazo o intentaba huir hacia la puerta.—¡Quédate quieta! —rugió él, rodeándole la cintura con un brazo para inmovilizarla.Mariana sintió la presión del cuerpo de Víctor contra su espalda. Era una sensación asfixiante, pero cargada de una adrenalina que la hacía sentir más vivo que nunca. Él era un animal, una fuerza bruta que su lógica no podía predecir.—Nunca —susurró Mariana, clavándole el codo en las costillas.Víctor soltó un jadeo y la lanzó sobre la silla, pero antes de que pudiera atarla, ella le dio otra patada en la rodilla. Él se tambaleó, maldiciendo en voz baja, mientras se limpiaba la sangre que volvía a correr por su ojo. Se detuvo un momento, mirándola con una sonrisa demente.—Tu hermana seguramente viene para acá, Mariana —dijo Víctor, mirando
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