DAMIANMe miré al espejo por quinta vez en menos de diez minutos y solté una maldición. ¿Desde cuándo me importaba tanto qué camisa ponerme? pero ahora, la idea de pasar por Isabella a las ocho me tenía con el estómago revuelto. Era ella, mi Isabella y esta vez, ella no tenía ninguna obligación de sonreírme.—Relájate Black, solo es una cita —le dije a mi reflejo, aunque sabía que mentía. Era mucho más que eso, era mi oportunidad de demostrarle que el tipo que la compró por cinco millones había muerto.Llegué al departamento de la abuela puntual. Al bajar del coche, el aire fresco de la noche me golpeó la cara, subí por el elevador sintiendo que el corazón me iba a mil. Cuando toqué la puerta, tardaron unos segundos en abrir.Fue Isabella y por un momento, se me olvidó cómo respirar.Llevaba un vestido sencillo, nada de las marcas carísimas que yo le obligaba a usar antes. Se veía... ella, sus ojos me recorrieron con una mezcla de curiosidad y cautela que me recordó que todavía tenía
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