La semana que siguió al rescate de Lucas fue un desfile de sombras y silencios coreografiados. La mansión Volkov, que antes me parecía una prisión de lujo, se había transformado en una fortaleza de guerra. Iván había desaparecido de los registros, de las comunicaciones y, según los rumores que corrían entre el personal, de la existencia misma. Victoria, su madre, se paseaba por los jardines como un fantasma en vida, vestida de negro riguroso y con una mirada de odio tan concentrada que parecía capaz de marchitar las rosas a su paso. Sin embargo, ya no se atrevía a dirigirme la palabra. El miedo que Dante había sembrado con la "extracción" de su hijo era el escudo más efectivo que jamás había tenido.Lucas, por su parte, estaba recuperándose bajo la vigilancia de especialistas en el ala este de la mansión. Dante no había escatimado en gastos; trajo a los mejores psicólogos infantiles y médicos, asegurándose de que mi hermano tuviera todo lo necesario para olvidar el horror de aqu
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