Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana de mi boda no hubo flores blancas ni campanas repicando en una iglesia pintoresca. En el mundo de los Volkov, el matrimonio no era un sacramento, era una consolidación de activos. Me miré en el espejo de cuerpo entero de mi suite, apenas reconociendo a la mujer que me devolvía la mirada. El vestido, diseñado por un modisto francés que Dante había hecho volar exclusivamente para la ocasión, era de una seda tan densa que se sentía como una armadura. No era blanco puro; era de un tono







