40. Banquete de la traición
El patriarca de los Navarro estaba de vuelta en su territorio, con su esposa a su lado y un brillo travieso en los ojos, ya que tenía ese sentimiento de haber eludido a la muerte.
—Gracias por traernos, cariño —Carmen aprovechó que pasó frente a su hijo para darle un beso en la mejilla.
—De nada, mamá; pero la próxima vez, a ver si nos organizamos un poco y se opera en Valencia ―inclinó la cabeza ligeramente para apuntar a su padre, ―que me sale mejor la cuenta —comentó Jaxon con una mueca dive