Helen despertó despacio. Aún quedaban sombras de la noche en los rincones del cuarto, pero la luz suave que se filtraba por las cortinas anunciaba que el día estaba llegando. Sus ojos estaban pesados por el cansancio y, aun así, su cuerpo se sentía liviano. Liviano de una forma extraña. Como si hubiera soñado algo demasiado hermoso para olvidar, o vivido algo que, aunque simple, dejaría marcas.Estaba sola en la cama. Las sábanas, ligeramente desordenadas, todavía conservaban su aroma. Un perfume amaderado, discreto, mezclado con el calor de su contacto, que parecía seguir allí.Ethan… Su nombre invadió sus pensamientos como un susurro familiar y peligroso.Helen cerró los ojos otra vez, apretando la sábana contra el pecho, y se permitió recordar.Estaban en el sofá, la chimenea encendida, el silencio cómodo entre los dos. Ella sentada con las piernas recogidas, los pies bajo los muslos; él recostado, con el brazo extendido a lo largo del respaldo. Tan cerca… que podía sentir su respi
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