El silencio de mi despacho era una bendición y una maldición. La ciudad palpitaba del otro lado del cristal, pero aquí dentro todo parecía contenido, tenso, sofocado… exactamente como me sentía yo. Me senté en la silla de cuero, apoyé la cabeza en el respaldo y cerré los ojos por un minuto.Helen…Su imagen seguía grabada en mi retina: su cuerpo esbelto desnudo entre mis sábanas, el cabello revuelto, los labios entreabiertos, la pierna estirada de manera inconsciente, provocadora como el infierno. Los pechos al descubierto y la maldita memoria de ella provocándome…¿Acaso era consciente de lo que me había hecho? Claro que no, Ethan, estaba borracha. Pero la provocación fue real, al igual que el estrago que dejó en mí. Respiré hondo. Tomé una pluma y empecé a girarla entre los dedos, inquieto, como un jodido adolescente después de un sueño húmedo.Esto es patético, Ethan. Ya enfrentaste consejos de administración corruptos, CEOs manipuladores, socios sanguinarios… ¿y ahora te estás des
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