Cinco meses.Cinco malditos meses desde que Ethan Carter se atrevió a borrarme de su vida como si yo fuera un error de escritura.“Se acabó, Miranda.”Ese fue el único mensaje que recibí, el único, hace ciento cincuenta y dos días. Desde entonces, silencio.Y yo no soy una mujer hecha para el silencio.Estoy de pie en la acera, las manos cerradas dentro del abrigo de cuero como si, con suficiente fuerza, pudiera aplastar la rabia que late dentro de mí. El frío de la noche de otoño muerde la piel, pero es el calor del odio lo que me mantiene erguida.Creo que fui demasiado estúpida. Estúpida por pensar que podía desaparecer por un tiempo y, al regresar, él seguiría allí, como siempre estuvo. Ethan me deseaba, de eso nunca tuve dudas. Lo veía en sus ojos. En la forma en que me miraba, en cómo su cuerpo respondía al mío. Me deseaba como si yo fuera la última mujer sobre la tierra.Pero el deseo es frágil.Y los hombres débiles, como Ethan demostró ser, se aferran a la primera ilusión de
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