La mesa estaba puesta con servilletas dobladas.Luca había insistido en que debían ser triángulos. Mía había insistido en que los triángulos eran para los sándwiches. Habían tardado veinte minutos en un acuerdo que no satisfacía a ninguno de los dos pero que ambos habían aceptado como concesión política necesaria.Las servilletas terminaron en forma vagamente rectangular.Yo los había observado desde la cocina con el corazón apretado de ternura y de miedo a partes iguales.Esta era mi familia.Esta caótica, ruidosa, imposible familia que había construido sola durante cuatro años y que ahora, de alguna manera que todavía no podía nombrar con precisión, ya no estaba del todo sola.— · —Valentino llegó puntual.Trajo flores para la mesa. No para mí. Para la mesa, con la naturalidad de quien lleva años haciéndolo. Como si fuera algo que se hace y punto, sin necesidad de que nadie se lo agradezca.El gesto me cerró la garganta.—Huele bien —dijo desde la entrada, mientras Luca le tiraba d
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