Sin embargo, antes de que ella pudiera dar tres pasos, una sombra negra la adelantó con una velocidad asombrosa. Alessandro se movió con un instinto que no parecía pertenecer a un hombre de negocios, sino a un depredador protegiendo a su prole. En un parpadeo, él ya estaba de rodillas sobre la grava, alzando a la pequeña con una delicadeza que Audrey no creía que sus manos fueran capaces de poseer.—Shh, tranquila. Ya te tengo —murmuró Alessandro. Su voz, usualmente fría y cortante, se había vuelto un susurro protector, casi tierno.Emma sollozaba, señalando su rodilla donde la sangre empezaba a manchar la media blanca. Alessandro no se inmutó por la mancha en su ropa costosa; presionó la herida con un pañuelo de seda que sacó de su bolsillo y acunó la cabeza de la niña contra su hombro. Matthew se detuvo al lado, con los ojos muy abiertos, observando cómo ese hombre, que hasta hacía poco era un extraño, tomaba el mando de la situación con una autoridad serena.Audrey se detuvo a poco
Leer más