Amelia comenzaba a sentir un dolor punzante en las sienes. Entre Lily, su madre y la futura suegra, estaban a punto de volverla loca. Las tres no parecían ponerse de acuerdo con nada. Se había mostrado paciente, intentando escucharlas a todas, pero poniendo como prioridad lo que la novia quería —era su boda después de todo—, pero Lily tomaba una decisión para cambiar de opinión casi de inmediato. No habrían logrado mucho si no hubiera tomado el mando, dirigiendo las decisiones para que aquella no se convirtiera en una tarde improductiva. No se podía satisfacer a tres personas con gustos diferentes, pero había hecho su mejor esfuerzo por hacerlas llegar a acuerdos. —Esto es de muy mal gusto, del tipo de decoración que usaría la gente corriente —dijo la madre de Dimitri, Evelina, y se giró hacia Lily—. Te dije que no era una buena decisión contratarla. Debiste hacerme caso y elegir a la mujer que te sugerí…—Esa mujer era anticuada, al igual que sus gustos. —Lily —regañó Charlotte.
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