Valeria llegó a las ocho de la mañana con dos cafés y la carpeta de Karl marcada en cuatro secciones con notas adhesivas de colores.Era su sistema: amarillo para lo técnicamente sólido, naranja para lo ambiguo, rojo para lo que requería conversación, azul para lo que ella llamaba, sin eufemismos, trampa disfrazada de beneficio.Había tres adhesivos azules.Alice los leyó mientras Valeria hablaba. No porque necesitara la explicación —había llegado a las mismas conclusiones la noche anterior—, sino porque escuchar a Valeria confirmar un análisis propio era la forma más limpia de verificar que el análisis era correcto.—La cláusula de gobierno conjunto es el problema central —dijo Valeria, señalando la segunda sección—. La redacción parece técnica, pero el alcance es abierto. Cualquier operación que razonablemente afecte al vehículo conjunto requiere aprobación cruzada. Y razonablemente es una palabra que, en un juzgado, puede estirarse hasta cubrir casi cualquier cosa.—Lo vi.—¿Y el a
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